¿Dificultad para aprender?

Si hacemos una encuesta sobre que es lo primero que pensamos cuando nos hablan de dificultades de aprendizaje, es posible que algunas de nuestras respuestas sean: bajas calificaciones, dificultad para memorizar los contenidos de las asignaturas, dificultad para mantener la atención en la clase, rechazo a estudiar, ansiedad ante los exámenes, entre otros.

Al hacer esta lista solo estamos enumerando los signos conductuales o emocionales de lo que sería una dificultad de aprendizaje, pero no estamos pensando en las causas que subyacen a los mismos.

Algunas de estas causas podrían estar relacionados a factores externos que tienen un impacto negativo en los niños/as, los cuales podrían ser: uso de metodologías educativas inadecuadas (por ej. la enseñanza del método global para aprender a leer), brindar instrucciones de una manera poco clara o errónea, factores socioculturales y económicos (por ej. padres en paro o con bajos ingresos, un ambiente familiar de violencia física o psicológica) que impactan en la calidad de vida de las familias y por ende de los niños/as (mayores niveles de estrés, ansiedad o depresión).

Pero también existen factores intrínsecos que limitan la capacidad de los niños/as para adquirir aprendizajes que favorezcan su desenvolvimiento en la vida cotidiana, social, académica y, más adelante, laboral. Uno de estos factores es la presencia de una dificultad específicas de aprendizaje o DEA.

¿Qué es una dificultad específica de aprendizaje?

Kirk y Bateman (1962, citados por Benedicto y Rodríguez, 2019) refieren que una dificultad de aprendizaje es un retraso en uno o más de los procesos del habla, lenguaje, lectura, escritura, aritmética u otros dominios escolares, causado por una posible disfunción cerebral. Estos retrasos no deben estar relacionados a un retraso mental, deprivación sensorial o factores estructurales o instruccionales.

Efectivamente, las dificultades específicas de aprendizaje tienen un origen neurobiológico, por el cual el niño/a le cuesta automatizar los aprendizajes formales (que se suelen aprender en el colegio) de la lectura, escritura y las matemáticas.

Con automatización, nos referimos a la capacidad que tenemos para ejecutar estos aprendizajes con un bajo coste cognitivo, es decir los realizamos casi de forma inconsciente y rápida. Por ende, un niño/a con una DEA, va a tender a realizar dichas actividades de manera lenta, ejerciendo mucho esfuerzo, por lo que es esperable que a largo plazo eviten leer, escribir o hacer cálculos y que su autoestima se vea mellada.

 

¿Cuáles son las dificultades específicas de aprendizaje?

Basándonos en el DSM 5 (2013), se consideran tres tipos de dificultades de aprendizaje: de la lectura, de la escritura y de las matemáticas. Pasaremos a explicar cada una de ellas de manera breve:

Dificultad Específica de Aprendizaje de la lectura:

El término común para esta dificultad es conocida como dislexia. La característica principal es la dificultad para leer con precisión, velocidad y prosodia esperadas para la edad y grado del niño/a.

Suele cometer errores de omisión, sustitución, inversión de letras al leer, tener una velocidad lenta, silabeante, saltarse líneas o volver a leerlas de manera repetida, así mismo no respeta signos de puntuación. Esta dificultad suele influir negativamente en la comprensión lectora.

Dificultad Específica de Aprendizaje de la escritura:

El término común para esta dificultad es conocida como disgrafía o disortografía.

El término disgrafía incluye la presencia de dificultades grafomotoras en los niños, es decir, una grafía deficiente o poco legible, que no organiza las palabras escritas de manera adecuada en el espacio de la hoja.

El término disortografía se relación más con la dificultad para automatizar la asociación fonema-grafema, por lo que el niño comete errores recurrentes en la ortografía natural y arbitraria (uso de b/v, c/s/z, y/ll, etc.). También se encuentra implicada la dificultad para la composición de textos.

Dificultad Específica de Aprendizaje de las matemáticas:

El término común para esta dificultad es conocida como discalculia. Se caracteriza por una dificultad para el dominio del concepto numérico y las operaciones aritméticas. El niño/a puede presentar problemas para el conteo ascendente y descendente, el principio de cardinalidad, comprensión de conceptos numéricos, operaciones aritméticas sencillas, etc. Puede verse implicada la resolución de problemas.

¿Cómo podemos detectarlas?

Apoyándonos nuevamente en el DSM 5 (2013), la detección de las DEA gira en torno a cuatro características:

  1. La dificultad para automatizar los aprendizajes, de la lectura, escritura o matemáticas es persistente. Se sugiere que el período sea mayor de 6 meses, porque es posible que interfieran otros factores (externos) que pueden subsanarse. Sin embargo, esto no quiere decir que no se realice ningún tipo intervención a penas se identifique alguna dificultad en estos aprendizajes. Es preferible prevenir y evitar experiencias negativas académicas.
  2. El apoyo recibido parece no funcionar. Puede que los padres y profesores realicen una intervención sin necesidad de esperar los 6 meses, pero a pesar de ello, las dificultades persisten. Hay una resistencia a los apoyos recibidos.
  3. Su rendimiento académico se ve afectado. A pesar de que su capacidad cognitiva está dentro de lo esperado para su edad, sus calificaciones suelen ser bajas porque demoran en leer sus exámenes, en escribir oraciones claras, en realizar adecuadamente los cálculos, etc.
  4. A mayor exigencia académica, la dificultad se hace más notoria. Puede que los niños/as compensen sus dificultades y de alguna manera pasen desapercibidos, acompañada de la creencia que es cuestión de madurez y de esperar a que logre espabilar en algún momento. Sin embargo, a medida que se pasa de un semestre a otro y los contenidos de las asignaturas van complejizándose, se hacen mucho más evidentes las dificultades para leer, escribir o realizar cálculos.

¿Qué debemos hacer si nuestros hijos/as tienen una DEA?

La frase clave es intervención oportuna. Las investigaciones muestran que las DEA no sólo tienen un impacto en el desempeño académico, sino también en el desarrollo social y emocional del niño/a, y que es una de las causas de deserción escolar o que no se prosiga con una formación académica superior.

Hay que recordar que las DEA, al ser una dificultad de origen neurobiológico, no van a desaparecer con el tiempo y tampoco es cuestión de esperar a que nuestros hijos/as maduren. Es una dificultad que los acompañará a lo largo de su vida, por lo que mientras más pronto se les pueda brindar estrategias explícitas y directas para automatizar dichos aprendizajes, el beneficio a nivel académico, emocional y social será mejor.

En próximas publicaciones estaremos brindando más información sobre cada una de las DEA.

Referencias

• Asociación Americana de Psiquiatría (2013) Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5 (5 ed.). Madrid: Panamericana

• Benedicto, P. y Rodríguez, S. (2019) Discalculia: manifestaciones clínicas, evaluación y diagnóstico. Perspectivas actuales de intervención educativa. Revista Electrónica de Investigación y Evaluación Educativa 25(1), art. 7. doi: http://doi.org/10.7203/relieve.25.1.10125

• Milla, M. (2006) Atención temprana de las dificultades de aprendizaje. Revista de Neurología 42(2): 153-156

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